lunes, 5 de diciembre de 2011


Hace ya algún tiempo que se dice que las cosas no van bien. Tantas veces se ha repetido, tanto se ha convencido uno de ello, que ya ni siquiera nos importa. Damos por hecho que nos avocamos a algo oscuro. Asumimos que estamos destinados a caer en una catástrofe terrible, de la que apenas sabemos nada, que no sabemos cómo sucederá. A pesar de ello, nos da morbo acercarnos a ella, imaginarnos y recrearnos en la hecatombe que acabará con nuestros días. No podemos evitarlo: el hombre tiene mucho de inhumano e incoherente cuando gusta de regocijarse con la desgracia propia. Esto es parte de la triste aceptación del curso en el que parece que nos encauza este río sobre el que navegamos. Hemos perdido la paciencia, o la esperanza, machacada por esa condena, pesada como una piedra, que no paramos de recordarnos, y no somos ya capaces de levantarnos y mirar más allá de ella y alrededor, estudiar la situación, y tratar de plantear algún movimiento. Esa es la falta que se ha de achacar al hombre hoy en día, o tal vez siempre. Hay fe, mucha fe, pero no tenemos fuerza ni ánimos para emprender nada. La época de las grandes ilusiones y de los grandes proyectos ya pasó o no la recordamos. A pesar de ello, nuestro orgullo innato nos impide reconocerlo y nos lleva realizar acciones que, a pesar de la innegable buena voluntad, no hace más que acercarnos a aquello de lo que huimos. Tomamos decisiones, muchas, a cada instante, para demostrar nuestra entereza y nuestro buen ánimo, nuestras supuestas ganas de salir adelante, de superar el gran obstáculo. Pero no hacemos más que aproximarnos más. En nuestro interior, aceptamos la derrota y facilitamos nuestra caída. Ya nadie es capaz de salir afuera, lejos, muy lejos y alto, y comprender que aquella espada que pende sobre nosotros, que diríase espada de Democles, no es más que un pequeño escollo, fácil de despejar si se conoce el camino.

Los pocos que logran conocer son los valientes, los que cierran los ojos y se alejan de la piedra, y luego los abren, la estudian y la entienden. Y entonces él opina, porque no puede hacer otra cosa.  Pero las voces que más se oyen no siempre son las que más se gritan, sino las que más se unen. Y es que el miedo impera sobre los débiles. Es más fácil contagiar el miedo que la templanza. Pobres de aquellos lúcidos, pues serán callados en su impotencia. Y pobres de aquellos necios, dirán aquellos los lúcidos, pues temen al monstruo pero no dejan de tentarlo.


Esto era lo que pensaba el chico amapola después de leer los diarios que había recogido esa mañana. Había terminado hacía rato el café, y ahora se encontraba recostado en el sillón, mirando hacia arriba, con la boca abierta en una extraña mueca. Comenzaba a atardecer y el sol proyectaba todos los objetos, los alargaba y dramatizaba. El juego del humo del cigarro, que ascendía acompasadamente, con la inquietante sombra de la lámpara de araña sobre el techo le entretenían y se le antojaban puro arte. Tras los ventanales de madera, abiertos de par en par, y a través de unas airosas cortinas, llegaba el constante murmullo de la calle distante y ajena.  Tragó saliva, se incorporó, y miró de soslayo los periódicos mientras apagaba el último cigarro, repugnándose de nuevo con los titulares. Se levantó, los cogió, se dirigió a la cocina y, todo esto entre suspiros, los metió en la papelera.

lunes, 14 de noviembre de 2011



Que sí, que sí, que no.
Tal vez... ¿pero quién sabe?
No sé la solución.
Even they don't know.
Sólo una idea me cabe
y no sé, no sé si me vale.


Février (Live) by Yann Tiersen on Grooveshark



Porque yo no conozco nada,
porque yo miro y no veo,
porque no entiendo qué pasa,
porque no sé qué quiero.

Qué necesito, qué añoro
qué preciso y qué valoro,
qué me puede salvar
qué me hunde al mar.

Las palabras son vanas,
empieza ya a actuar, ¡coño!.
(Aunque sabes, sé, saben, sabemos, sabéis,
y otra vez sé,
que no depende de mí)

¿ENTONCES QUÉ?

¿Lo de siempre? Sí, lo de siempre.


JÓDETE.


Pero te niegas, no, no puede ser así. Con tan oscura tinta no ha de estar escrita tu historia, no sería justo, ni lícito. Y vuelves...


Que no, que no, que sí.
Tal vez...¿ pero quién sabe?
Ya sé la solución:
esperar que el tiempo pase,
hasta que el alma aguante,
hasta que ahogue en dolor.





/Escrito hace más de un año y medio. Y seguimos siguiendo.../



Pocas personas saben realmente lo que quieren en la vida. El resto, solo intentamos seguir buscando, agotando todas las posibilidades. Dichosos los primeros, pero benditos seamos nosotros.

Elogio al ascensor.

Los ascensores son los espacios más polivalentes y paradójicos de la ciudad. En estos pequeños cubículos puede pasar de todo. Son lugares públicos, pero también ofrecen una intimidad que en pocos lugares se consigue, ni con tan clara evidencia. Es donde lo común y lo extraño se unen. Cambian constantemente, según su forma, el lugar, el objeto o la compañía, la experiencia es diferente. Invitan al recogimiento personal, a la introspección, pero también a la socialización. Es un lugar cerrado y abierto. Un interior tan pequeño, pero tan completo como un universo en miniatura. Dispone de pocos elementos: luz clara y un espejo, en ciertos casos un hilo musical, pero nunca es necesario. En el tiempo que dura el trayecto puedes acicalarte, terminar de peinarte, ponerte las gafas, buscas las llaves en el bolso o separar las cartas de publicidad de las facturas del banco. Si vas solo, puedes mirarte las arrugas en el espejo, mirar las cosas que llevas en los bolsillos, o hablarle a tu reflejo, como hago yo ahora.

Si vas acompañado, también se ofrecen experiencias totalmente excitantes. Es donde se besan las parejas, o donde incluso inician las discusiones, a la hora de bajar la basura, o de ir a por el pan. Además de las anodinas conversaciones sobre el tiempo, puedes saber qué se habló en la última reunión de la comunidad de vecinos, a la que no fuiste, o por qué se mudó la del quinto, o de quién es ese perro que ladra tanto. Puedes conocer a tus futuros compañeros de trabajo, o incluso recibir una sugerente oferta laboral. Incluso una canción en el aire puede unir a dos personas y que surja el amor: está comprobado.

En el ascensor subes y bajas, de la alegría a la desesperación, o viceversa. Es la metáfora de la persona inquieta, de la que no soporta esa estabilidad aburrida, esa estaticidad monótona tan terrible, que tanto asusta a las personas que andan demasiado rápido. Pero también es la metáfora de todo aquello que nos engaña, que desconocemos. Un ascensor es como la vida: no sabemos cómo funciona, pero nos mueve de aquí para allá, a veces donde queremos ir, otras veces no. Esas veces el desconcierto nos inunda: ¿dónde estamos, por qué hemos llegado aquí? A pesar de que todo estaba pensado de otra manera, nada sale como deseamos.
¿Qué derecho tienes tú para convertirte en la chica que siempre he deseado?
No es justo que hagas realidad mis sueños. Porque si ya no los tengo... ¿qué quedará?
No deberías darme lo que deseo.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Dime cómo hacer para producir dentro de ti esa gran conmoción que necesitas. Dame alguna pista, quiero serlo todo en tu interior. Quiero que me dediques tus palabras, y que me ayudes a escribir las mías. Quiero que  nos queramos y deseemos.

Necesito un amor.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Algún día habrás de reconocer que, en ciertas ocasiones, fuiste una verdadera zorra.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Esta noche, tú y yo.

A ver, vengo a contarte algunas cuantas cosas que no te he podido decir esta noche tan fría:

Punto 1. Me gusta tu pelo. Está despeinado, encrespado, tal vez demasiado grasiento y a veces demasiado seco. Es oscuro y apagado, pero también brillante, muy brillante. La forma es difícil de definirla, no se sabe dónde está el corte, y a simple vista no se puede ver si es muy largo o si es muy corto, todo maraña. Dirás lo que quieras decir, pero a mi me gusta. Es tu pelo, salvaje e indomable, con esos rizos libres, que por momentos caen en suave cascada, hasta derramarse en una profusión de espuma en tus hombros. Es TU pelo, y es como él quiere ser, y por eso me gusta, porque le das libertad. Lo haces parte distintiva de ti, algo más que añadir a tu personalidad. Y sabes que en el fondo a ti también te gusta todo eso. Así que déjate de humildades.

Punto 2. Me gusta tu forma de vestir. Es divertida. Se ve que te pones lo que te da la gana. Me gusta que seas propia. Que quieras demostrar tu individualidad de cualquier forma. Te sentarían muy bien los jerseys de lana, de cuello alto y esponjoso, que abracen tu cuello. Tu cuello es largo, como el mío, y por eso es hermoso. 

Punto 3. Tu cuello es largo y tus manos son delgadas. Eres algo más baja que yo. Tienes una sonrisa muy expresiva, pero tal vez se te vean demasiado las encías. Aunque me gustan tus dientes, blancos, ordenados, como bellas perlas que cuidas con paciencia bajo los labios finos. Tienes unos ojos grandes y oscuros, en los que apetece navegar para asomarse a las profundidades de tus pupilas como quien mira un pozo fresco. Ha habido momentos en los que me mirabas fijamente, y he sentido ese frescor que se siente en el mar.

Punto 4. No sé qué pasa por tu cabeza, y quiero que me lo digas.


Punto 5. Tienes una voz algo áspera y la vuelves chillona cuando se te antoja, o dulce, o melancólica. Haces chistes con sentido, y consigues sacarle punta a todo: eres ingeniosa. Y eres fuerte, eso está claro, no te callas cuando tienes que hablar. Lo dices claro y alto, no te cortas ni tienes miedo.

Punto 6. A veces haces comentarios que no entiendo. Será porque no te conozco. Das a entender ciertas cosas, como tu inocencia, o tu sinceridad, o tu seriedad, que chocan con otras palabras, que, en definitiva, muestran frivolidad. A veces pareces buena, y en otras, no tanto. Y sobre todo, el que te ve piensa que eres lista, pero nadie imagina hasta cuánto, y, en especial, de qué manera. 

Punto 7. Tienes cosas que sólo te gustan a ti. Y me gusta que sean tan particulares, e incluso te diría que me gusta que a mi no me gusten. La sangre y las arañas, mis mayores temores, son tus aliados. Eso no deja de hacerte más interesante.

Punto 8. Me gusta que no tengas problema en reconocer tus vicios, tus faltas y tus virtudes. Me gusta que trates de enseñarme a bailar. Y me gusta que me lleves en tu coche.

Punto 9. Me siento seguro cuando me hablas. Pero me siento inseguro al hablarte yo. Quiero que me hables siempre, con esa voz mágica que tienes guardada para los momentos especiales. 

Punto 10. Tengo miedo porque sigo sin saber qué pasa por tu cabeza. Estoy deseando saberlo. Quiero, quiero gustarte, la verdad, y quiero saberlo, quiero que me lo digas, con estas sutilezas tan claras que utilizáis las chicas. Y quiero poder acercarme a ti con total entereza, y besarte sin miedo. Quiero tener esa cosa de la que hablabas, ese nosequé que tienen algunos chicos, y que solo tú puedes ver, como decías, que no lo ven el resto de las chicas. Quiero ser especial para ti. Quiero iluminarte. Quiero deslumbrarte. Quiero emocionarte y atraparte, que me ansíes y me necesites, que me busques y me luches. Déjame darte todo lo que llevo guardado tanto tiempo. No entiendo por qué, pero nadie lo quiere. Podría hacer feliz a mucha gente, pero nadie lo quiere.




(Lamentablemente, he de aclarar que la chica de la que he estado hablando todo el rato, apenas existe, sino que es una abstracción y una recreación de una real.)

viernes, 4 de noviembre de 2011

La insoportable levedad del ser.

"¿Es mejor estar con Teresa o quedarse solo?
No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni siquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida no es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.
"Einmal ist keinmal", repite Tomás para sí el proverbio alemán. Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto."

domingo, 30 de octubre de 2011

Confesiones:

Estate quieta, por favor.
Quiero poder observarte más detenidamente a través de la luz.
Estudiar tus facciones para que no se olviden. No tengas miedo.
Cierra los ojos, yo trataré de adivinar cómo son. Nunca los he visto, pero me gustan. Sorpresa.
Déjame quererte un rato más. Solo pido eso. A veces no necesito otra cosa.

(Escritas para ti, la chica de aquel concierto. Gracias por protegerme.)

jueves, 20 de octubre de 2011

"Hi, how are you?"

She came here with grey flowers,
holes in her socks and big hats.
She had fire in the hair,
and a flashing smile.

This girl is high, high and low,
and her eyes are rainning.
She is big, big and tiny,
and her hands are always shaking.

She says “Hi, how are you”
and I’m glad that she’s come.
Then she says “I like you”
and she smiles and cries out.

I say “no, no, no”
“I can’t be loved”
She says “yes, yes, yes,
I know I could”

Her red hair is floating
and she sings me a song
My heart is openned again
and I start believing in love.

I say “yes, yes, yes”
“I do love you too”
She says “oh,  oh, oh,
I really think you do”

And I get her by her hands
and go to some beautiful places
we play songs and watch films
and make love near the moon.

Suddenly she stops,
And stares at my eyes.

I say “oh, oh, oh,
Is there anything wrong?
She says “yes, yes, yes
I don’t want you anymore”

And she goes, goes, goes
And I can't understand / And I cry for her lack
I shout “no, no, no,
why is my fate so black?"

domingo, 16 de octubre de 2011

La vida es fácil, pero hay cosas que no entiendo.
Por qué el cielo azul,
por qué ronronean los gatos,
y por qué sé más de lo que debería.

Hay un lazo incorrupto que une tus ojos y los míos,
pero tú no me ves.
Hay algo entre nosotros imposible de explicar
pero tú no me crees.

La vida es fácil, pero hay cosas que no entiendo.

Y de repente, OH, es una explosión,
y todo se ilumina en mi mente.
Mis manos tiemblan y sudo el miedo
porque sé la verdad que tus ojos mienten.

La vida es fácil, pero hay cosas que no entiendo.

Las palabras se agotan y mi alma se para,
se disipa en mil haces de certeza,
huye de mí acojonada,
y es idiota, porque ya no cree, pero aún reza.

La vida es fácil, pero hay cosas que no entiendo.

Esa impotencia que niebla los sentidos,
esa lucidez que no me deja ver nada,
las ganas de vomitar lo que nunca abracé,
son solo síntomas de que estoy en lo cierto.

Me dijeron muchas veces que no eras la adecuada,
que esto pasaría y que era natural,
pero no escuché, quizás porque pensaba
que era el momento de dejar de soñar.


La vida es fácil, pero hay cosas que no entiendo.

Ajeno al mundo y a tu mirada, tu nombre,
acude tu nombre a mi mente, y entonces sé.
Otros labios, otras manos, te tocan:
no puedo soportarlo.

La explosión de la luna sería más coherente,
que esas palabras que acabo de pronunciar.
Me hundo en el agujero que me has abierto en el pecho.
Me ahogo de rabia y muero al comprender.

La vida es fácil, y ahora hay algo que entiendo: he nacido para acabar conmigo.

sábado, 15 de octubre de 2011

Parece ser que hay algo de esperanza. Por lo visto, siempre se pueden descubrir nuevas formas del dolor. ¿Habrá también nuevas formas de superarlo?

jueves, 6 de octubre de 2011

Moleskine

Me he comprado una Moleskine. No sé por qué, realmente, no la quería. Es una cosa estúpida, es solo un puñado de papeles encuadernados, con una tira de plástico, pero unas letritas grabadas que la hacen más cara. En nada se diferencia del resto de cuadernos, de los de anillas y cuadritos, o de los blocs de dibujo, pero todos se chiflan por ellas. Te anuncia a bombo y platillo que los grandes las utilizaban, que sólo el arte ha nacido entre sus páginas. Solo falta que te diga: si quieres ser un artista, usa Moleskine. Si no, no estás haciendo nada bien ni interesante. Yo necesitaba escribir, en cualquier medio. No quería una Moleskine. El caso es que cuando me he dado cuenta, ya tenía una en la mano. Maldita tarjeta de crédito.

He decidido que todo lo que escriba en ella, lo copiaré aquí. Aunque sean apuntes de Composición, la letra de una canción, o una frase suelta. Realmente da igual de donde venga, de aquí o del papel, lo que es seguro es que procede de mis dedos. El Moleskine puede ser considerado una continuación del blog, como lo es muchas veces twitter, o facebook.

Allá vamos:

Cada persona es un universo completamente diferente y ajeno a los otros. Pero la unión e interacción entre ellos es increíblemente fácil: solo hace falta un leve toque en el hombro al desconocido más cercano.
A mis futuras parejas, os pido disculpas y espero que podáis perdonarme, porque os digo: jamás os amaré tanto como amaré a los imposibles.

En el momento en el que te tenga, dejarás de ser para mi.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Esta extraña sensación de ser las 24 horas del día el protagonista principal de tu propia vida, y no poder por ello dejar de pensar en el papel que has de cumplir, en las razones de tus actuaciones, en quién escribió tu libreto o qué te tiene preparado el guionista. Esta angustia de verte a ti mismo ante el espejo que es el mundo, pero al que has de mirar con los ojos cerrados, tapados por un lienzo negro que llevas desde que te preguntaste por qué te llamas así. Estar atrapado en un cilindro de cristal y golpear y que no exista nadie más.

 Creer ver más allá de tus ojos y no saber siquiera si está la luz encendida.

jueves, 7 de julio de 2011

Esto no es más que otro adiós.

Nuevo piso, misma vida.

Carta a todas mis catástrofes

¿Cómo escribirte una carta?

He empezado y aún no lo sé. Sólo tengo la intención: ser sincero contigo. No sé si es el medio o las palabras correctas, pero espero que tengas en cuenta el propósito, que sepas lo que quiero decir.

Eres la persona más maravillosa que he conocido en mi vida. Creo que nunca pude hacértelo creer, eres especial. Me mueve hacia ti algo que todavía no he podido explicar, algo irrefrenable, que me ciega, demasiado fuerte. Aún la confusión me hace temer. No sé cómo ni de qué manera llegué a hacerlo, pero algo tengo claro después de un año de conocerte. Te quiero. Y esa es la única verdad.

Tal vez ya lo supieras, lo sospecharas o te lo dijeran. O tal vez no, y te consigo sorprender. Pero quizás esto te ayude a comprender muchas cosas. Te mereces una explicación. Sé que me he comportado de una manera bastante rara, por decirlo de alguna manera, desde hace unos meses, pero también sé que no soy así. Sólo estaba asustado.

Esta carta, la primera que escribo en mi vida, no tiene una finalidad clara, solo poder liberarme de esta carga. He estado guardándome demasiado, y no es justo para ninguno de los dos. Quiero acabar con esta situación, de la que tal vez tú no seas consciente, pero que me afecta demasiado, y me impide vivir con normalidad. Me produce mucha ansiedad y solo así puedo hacer que acabe. Siento cosas totalmente nuevas, muy intensas, y te lo podría demostrar de mil maneras, sólo tienes que preguntar. Pero el silencio que he mantenido por miedo tanto tiempo me hacía sentir tan estúpido que, si alguna vez lloré, fue por desesperación. Y si me viste dolido, fue por amor.

Trato de ser breve, y me cuesta. Tengo miedo, mucho, ni te puedes imaginar cuánto. Pero me he atrevido al fin y no sé todavía si me arrepentiré. He lanzado mi última carta, he hecho todo lo que un chico como yo puede hacer. Ya sólo queda saber cómo actuar, a partir de ahora. Necesito, por una vez, entender qué quieres y qué piensas.

Y ahora sí, créeme cuando te digo que estás preciosa. Eres increíble en todos los aspectos. Me encanta verte feliz, sélo siempre, por favor. Me hacías sentir especial cuando estabas a mi lado, en el principio de todo. Lamento que todo haya acabado así, escrito malamente en una carta, llena de inseguridad.

Me gustaste desde el primer dia en el que te vi, en aquel tren. Ojalá no llegase aún a su fin.

martes, 7 de junio de 2011

¿Tú otra vez?
¿No habíamos quedado en que te había matado?


¿O es que quizás el que intentaba morirse era yo?

sábado, 30 de abril de 2011

No, no, no puede ser. ¿Cómo voy a cumplir 20 años?
¡No puedo!

Me hago adulto y todavía necesito ayuda para atarme las zapatillas y poder echar a correr con los demás.

sábado, 23 de abril de 2011

Hacía tiempo que no volvía aquel chico de 14, 15, 16, 17, 18 años a mirarme desde su prisión congelada, con esa mirada estática, asustada. Esos ojos rotos, rodeados de marcas oscuras.

Ha vuelto ese sentimiento tan inefable. ¿Cómo expresarlo? Es andar y no sentir el suelo, pero no porque flotes: sino porque no eres capaz de despegarte de él. Tan alto subiste, tan rápido, que la caída te ha dejado aplastado contra la tierra. Está húmeda, y huele bien, pero tienes la nariz destrozada y te duele respirar, la sangre te obstruye las fosas. Es eso.

También es no sentirte dueño de ti, y a la vez, verte el único responsable de todos los acontecimientos que se dan lugar en el mundo simultáneamente. Es una carga pesada. Como recitar los millones de ceros y unos que constituyen estas letras. Da miedo. Es todo, y es nada.

Además, ahora mismo, en mi cuarto, donde he dormido más que vivido, siento que no soy de ningún lugar. Que todo me es ajeno, extraño. Que nada poseo. Que nada me espera. Que el viento me atraviesa y no me hace tiritar, ni siquiera sacudirme. Que las puertas se cierran aunque me vean pasar.

Siento que NO SOY,
porque sentí que YO ERA,
y me demostraste que NO.


Una vez más, la misma historia. Tiene gracia, ¿eh?



No, no la tiene. Ni te echo de menos, estúpido gilipollas de gafas cuadradas y asqueroso acné. Mírate, mira en lo que te has convertido. Tu aspecto es impecable ahora, sí.

Pero en el fondo, sigues siendo UN MONSTRUO.

martes, 5 de abril de 2011

En la libreta de piel  negra escribo las palabras que nunca me atreví a decirte:

Solo existe el cielo en el reflejo de tus ojos.

No quiere la luna mecerme en su cuna de blanco mármol: creo que no le gustan mis cicatrices de humano.

Amé tus carencias.

 Tu nombre ya me avisaba: eras inabarcable y eterna.

La piel es la primera de las vergüenzas.

El 37 cambia de pasajeros:  la dicha y la ilusión ya no viajan en él, ahora es el momento de los sueños desgarrados y los ojos rotos. Fin de trayecto.

Quien más ha llorado por ti no he sido yo, ha sido mi guitarra. 

Este sol que te ilumina me oscurece a mi también.

The stars look very different tonight.

Solo tengo un nombre: es que gritan tus ojos.

Amor... ¿eres siempre tan impuntual? 

miércoles, 23 de febrero de 2011

Cierra los ojos, tápate la boca y aguanta, desaparece. Nunca es agradable vomitar en público.

Luego, cuando estás solo, ya sabes lo que hacer.

martes, 25 de enero de 2011

NOTA PARA MÍ MISMO:

La vida es esto. Vivir hundido hasta que ves que no es todo así. Una chispa, algo pasa, y casi tocas el sol en tu plenitud. Y volverás a bajar y a hundirte y a querer matarte.

Pero, chico, NO lo olvides. Todo puede cambiar en cualquier instante. Todo.

La chispa SIEMPRE llega.

viernes, 21 de enero de 2011

A veces, la oscuridad me ciega, y pienso en ella, y me pregunto cómo puede ser que ella siga viva. Que esté pintándose las uñas de color, eligiendo cada día unas converse diferentes, escuchando a los pájaros cantar, o disfrutando de las gafas de sol que eran de su padre. No me entra en la cabeza cómo puede ser que ella esté escuchando, quizás, la misma canción que escucho ahora. No entiendo cómo puede continuar como si nada, haciendo las cosas que sólo ella hacía antes, mientras yo, todavía, algunas noches me ahogo en mi desesperación y me mordisqueo las entrañas.


¿Cómo puede vivir tranquila sabiendo todo el daño que me ha hecho?


La respuesta es sencilla.

viernes, 7 de enero de 2011

A veces, al recordar, me sorprendo, y me avergüenzo.

Cuando estoy enamorado, o me gusta alguien, la ilusión me llega en torrentes imprevistos. El cielo se abre, me eleva, y me permite pasear entre tangibles sueños. Y entonces me veo grande, me creo capaz, seguro y confiado de que valgo lo suficiente como para que merezca la pena perseguir el fin. Siento orgullo de ser quien soy, me gusto y me acepto. Creo, tengo fe.

Eso sí que es ser patético, ¿eh?

¡Ja, iluso!