sábado, 5 de noviembre de 2011

Esta noche, tú y yo.

A ver, vengo a contarte algunas cuantas cosas que no te he podido decir esta noche tan fría:

Punto 1. Me gusta tu pelo. Está despeinado, encrespado, tal vez demasiado grasiento y a veces demasiado seco. Es oscuro y apagado, pero también brillante, muy brillante. La forma es difícil de definirla, no se sabe dónde está el corte, y a simple vista no se puede ver si es muy largo o si es muy corto, todo maraña. Dirás lo que quieras decir, pero a mi me gusta. Es tu pelo, salvaje e indomable, con esos rizos libres, que por momentos caen en suave cascada, hasta derramarse en una profusión de espuma en tus hombros. Es TU pelo, y es como él quiere ser, y por eso me gusta, porque le das libertad. Lo haces parte distintiva de ti, algo más que añadir a tu personalidad. Y sabes que en el fondo a ti también te gusta todo eso. Así que déjate de humildades.

Punto 2. Me gusta tu forma de vestir. Es divertida. Se ve que te pones lo que te da la gana. Me gusta que seas propia. Que quieras demostrar tu individualidad de cualquier forma. Te sentarían muy bien los jerseys de lana, de cuello alto y esponjoso, que abracen tu cuello. Tu cuello es largo, como el mío, y por eso es hermoso. 

Punto 3. Tu cuello es largo y tus manos son delgadas. Eres algo más baja que yo. Tienes una sonrisa muy expresiva, pero tal vez se te vean demasiado las encías. Aunque me gustan tus dientes, blancos, ordenados, como bellas perlas que cuidas con paciencia bajo los labios finos. Tienes unos ojos grandes y oscuros, en los que apetece navegar para asomarse a las profundidades de tus pupilas como quien mira un pozo fresco. Ha habido momentos en los que me mirabas fijamente, y he sentido ese frescor que se siente en el mar.

Punto 4. No sé qué pasa por tu cabeza, y quiero que me lo digas.


Punto 5. Tienes una voz algo áspera y la vuelves chillona cuando se te antoja, o dulce, o melancólica. Haces chistes con sentido, y consigues sacarle punta a todo: eres ingeniosa. Y eres fuerte, eso está claro, no te callas cuando tienes que hablar. Lo dices claro y alto, no te cortas ni tienes miedo.

Punto 6. A veces haces comentarios que no entiendo. Será porque no te conozco. Das a entender ciertas cosas, como tu inocencia, o tu sinceridad, o tu seriedad, que chocan con otras palabras, que, en definitiva, muestran frivolidad. A veces pareces buena, y en otras, no tanto. Y sobre todo, el que te ve piensa que eres lista, pero nadie imagina hasta cuánto, y, en especial, de qué manera. 

Punto 7. Tienes cosas que sólo te gustan a ti. Y me gusta que sean tan particulares, e incluso te diría que me gusta que a mi no me gusten. La sangre y las arañas, mis mayores temores, son tus aliados. Eso no deja de hacerte más interesante.

Punto 8. Me gusta que no tengas problema en reconocer tus vicios, tus faltas y tus virtudes. Me gusta que trates de enseñarme a bailar. Y me gusta que me lleves en tu coche.

Punto 9. Me siento seguro cuando me hablas. Pero me siento inseguro al hablarte yo. Quiero que me hables siempre, con esa voz mágica que tienes guardada para los momentos especiales. 

Punto 10. Tengo miedo porque sigo sin saber qué pasa por tu cabeza. Estoy deseando saberlo. Quiero, quiero gustarte, la verdad, y quiero saberlo, quiero que me lo digas, con estas sutilezas tan claras que utilizáis las chicas. Y quiero poder acercarme a ti con total entereza, y besarte sin miedo. Quiero tener esa cosa de la que hablabas, ese nosequé que tienen algunos chicos, y que solo tú puedes ver, como decías, que no lo ven el resto de las chicas. Quiero ser especial para ti. Quiero iluminarte. Quiero deslumbrarte. Quiero emocionarte y atraparte, que me ansíes y me necesites, que me busques y me luches. Déjame darte todo lo que llevo guardado tanto tiempo. No entiendo por qué, pero nadie lo quiere. Podría hacer feliz a mucha gente, pero nadie lo quiere.




(Lamentablemente, he de aclarar que la chica de la que he estado hablando todo el rato, apenas existe, sino que es una abstracción y una recreación de una real.)

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