lunes, 15 de febrero de 2010



Es bajito, tiene algo de barriga, mucho pelo, granos en la espalda, habla con acento extranjero, anda con un pie doblado, viste muy muy mal.

Pero hoy, 5 meses después de vernos por última vez, sigo queriéndole como no he querido a nadie, y como el maldito destino no me ha dejado quererle.

Por mí se compró sus primeras converse. Me hizo muy feliz.

Y por él, yo me aficioné a la música clásica. Eso a él le gustaba.


Cómo duelen las historias sin acabar. Son unos definidos puntos suspensivos que no saben si indicar un "fin" o un "continuará".

Vendrán otros para mí, y ya vienen otros para él. Pero nadie ha conseguido que me emocione tanto oír mi nombre de sus labios. Yo sé que seguiré esperándole en las rocas del puerto, en el eterno atardecer que por siempre disfrutaremos. Alli, entre pescadores, tan ajenos a la historia que me traer'ia de cabeza tanto tiempo.