No, no, no puede ser. ¿Cómo voy a cumplir 20 años?
¡No puedo!
Me hago adulto y todavía necesito ayuda para atarme las zapatillas y poder echar a correr con los demás.
sábado, 30 de abril de 2011
sábado, 23 de abril de 2011
Hacía tiempo que no volvía aquel chico de 14, 15, 16, 17, 18 años a mirarme desde su prisión congelada, con esa mirada estática, asustada. Esos ojos rotos, rodeados de marcas oscuras.
Ha vuelto ese sentimiento tan inefable. ¿Cómo expresarlo? Es andar y no sentir el suelo, pero no porque flotes: sino porque no eres capaz de despegarte de él. Tan alto subiste, tan rápido, que la caída te ha dejado aplastado contra la tierra. Está húmeda, y huele bien, pero tienes la nariz destrozada y te duele respirar, la sangre te obstruye las fosas. Es eso.
También es no sentirte dueño de ti, y a la vez, verte el único responsable de todos los acontecimientos que se dan lugar en el mundo simultáneamente. Es una carga pesada. Como recitar los millones de ceros y unos que constituyen estas letras. Da miedo. Es todo, y es nada.
Además, ahora mismo, en mi cuarto, donde he dormido más que vivido, siento que no soy de ningún lugar. Que todo me es ajeno, extraño. Que nada poseo. Que nada me espera. Que el viento me atraviesa y no me hace tiritar, ni siquiera sacudirme. Que las puertas se cierran aunque me vean pasar.
Siento que NO SOY,
porque sentí que YO ERA,
y me demostraste que NO.
Una vez más, la misma historia. Tiene gracia, ¿eh?
No, no la tiene. Ni te echo de menos, estúpido gilipollas de gafas cuadradas y asqueroso acné. Mírate, mira en lo que te has convertido. Tu aspecto es impecable ahora, sí.
Pero en el fondo, sigues siendo UN MONSTRUO.
Ha vuelto ese sentimiento tan inefable. ¿Cómo expresarlo? Es andar y no sentir el suelo, pero no porque flotes: sino porque no eres capaz de despegarte de él. Tan alto subiste, tan rápido, que la caída te ha dejado aplastado contra la tierra. Está húmeda, y huele bien, pero tienes la nariz destrozada y te duele respirar, la sangre te obstruye las fosas. Es eso.
También es no sentirte dueño de ti, y a la vez, verte el único responsable de todos los acontecimientos que se dan lugar en el mundo simultáneamente. Es una carga pesada. Como recitar los millones de ceros y unos que constituyen estas letras. Da miedo. Es todo, y es nada.
Además, ahora mismo, en mi cuarto, donde he dormido más que vivido, siento que no soy de ningún lugar. Que todo me es ajeno, extraño. Que nada poseo. Que nada me espera. Que el viento me atraviesa y no me hace tiritar, ni siquiera sacudirme. Que las puertas se cierran aunque me vean pasar.
Siento que NO SOY,
porque sentí que YO ERA,
y me demostraste que NO.
Una vez más, la misma historia. Tiene gracia, ¿eh?
No, no la tiene. Ni te echo de menos, estúpido gilipollas de gafas cuadradas y asqueroso acné. Mírate, mira en lo que te has convertido. Tu aspecto es impecable ahora, sí.
Pero en el fondo, sigues siendo UN MONSTRUO.
martes, 5 de abril de 2011
En la libreta de piel negra escribo las palabras que nunca me atreví a decirte:
Solo existe el cielo en el reflejo de tus ojos.
No quiere la luna mecerme en su cuna de blanco mármol: creo que no le gustan mis cicatrices de humano.
Amé tus carencias.
Tu nombre ya me avisaba: eras inabarcable y eterna.
La piel es la primera de las vergüenzas.
El 37 cambia de pasajeros: la dicha y la ilusión ya no viajan en él, ahora es el momento de los sueños desgarrados y los ojos rotos. Fin de trayecto.
Quien más ha llorado por ti no he sido yo, ha sido mi guitarra.
Este sol que te ilumina me oscurece a mi también.
The stars look very different tonight.
Solo tengo un nombre: es que gritan tus ojos.
Amor... ¿eres siempre tan impuntual?
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