Tengo un problema bastante, bastante serio, y es que soy incapaz de controlarme, de satisfacerme, de saber qué quiero, cuándo y dónde. Vuelve un día más esa ansiedad de no saber hacia dónde navegar.
Tengo el problema de tener lo que quiero pero de seguir necesitando lo que no poseo. Y lo que no poseo es ese algo eterno y difuso, aquello que no conozco todavía. Y cuán grande se vuelve el problema cuando lo que necesito eclipsa a lo que tengo...
Tengo el problema bastante serio de necesitar que una chica me quiera, nada más sencillo ni imposible.
Nada, un par de besos o tres, algo de su confianza que incremente de una vez por todas la mía, un paseo, abrazos y palabras cursis, o no. Un sentimiento, una muestra, un gesto, una sonrisa desde lejos, volver la cabeza al alejarnos para lanzar una última mirada, como el que deja atrás olvidada el alma ensimismada y le reclama que vuelva con su cuerpo. Instantes eternos por su corta duración, palabras que resuenen más allá de lo que marque el tiempo.
Joder, no pido más de lo que hayáis tenido cualquiera de vosotros. La única diferencia es que lo pido tarde, cansado y, como siempre, a ciegas.