Ah, amigo lector, jamás hay que cantar victoria, por lo menos en alta voz (pues los demonios, secreto que tenemos el deber de revelarte a ti por tu gran paciencia, son extremadamente vanidosos y no demasiado inteligentes; si no dices en alta voz que los has derrotado, se contentarán con lo que consideran una política eficaz de hostigamiento, justamente cuando sus tácticas han perdido ya toda importancia a tus ojos. Pero si proclamas que han cesado de impresionarte, ten cuidado: esos seres que procuran sobre todo mantener las apariencias, se ofenden y la rabia que los domina los incita con frecuencia a llamar en su auxilio a toda una cohorte de demonios más poderosos que ellos y de los que pueden disponer llegado el caso a pesar de su pequeñez irrisoria).
Julio Cortázar y Carol Dunlop, 1984.
