A ti, la de allí: que sepas que tu novio es gilipollas, y tu más por soportarlo.
A ti, la que me gusta pero no me gusta, tan solo me gusta que me gustarías gustarme, y más aún gustarte, te lo tengo que decir: tu novio es también gilipollas. Pero me duele que no reconozcas que he hecho cosas por ti que jamás nadie ha hecho. Algún día tengo que convencerte a besos.
A ti, la antigua: ya no te quiero, pero sigo estando enamorado del amor que te profesaba. Y eso morirá conmigo. Tú puedes hacerlo antes.
A ti, la niña: ahora que lo pienso, y veo cuánto jugaste conmigo, no sé cómo me hacías eso. Te apreciaba.
A ti, la visitante: me sigues gustando, bonita, como siempre. Tú has sido mi Eva, la única mujer. Me hiciste sentir bien, aunque me doliese reconocer mi cuerpo ante tu cuerpo en nuestros encuentros al sol. Que me acuerdo de tu sonrisa en la hierba y tus manos húmedas y no puedo pensar en nada más. Pero no, ya no, porque tus noes son rotundos siempre.
A ti, una de mis lectoras: tengo ganas de darte un gran abrazo, porque sí.
A ti, lejano amigo: también quiero darte un abrazo. Te aprecio, aunque habites en otro hemisferio.
A ti, querido amigo y lector: que te echo de menos en piel, cuerpo y alma. Cerveza y cine eres tú.
A mi, voz interior: debería aprender a escribir mejor. Y a controlar mis estados de ánimo, y mis impulsos, pues puedo meterme en un gran problema. Que no me voy a querer nunca ya lo sé yo, pero al menos he de seguir aparentándolo.