Me he comprado una Moleskine. No sé por qué, realmente, no la quería. Es una cosa estúpida, es solo un puñado de papeles encuadernados, con una tira de plástico, pero unas letritas grabadas que la hacen más cara. En nada se diferencia del resto de cuadernos, de los de anillas y cuadritos, o de los blocs de dibujo, pero todos se chiflan por ellas. Te anuncia a bombo y platillo que los grandes las utilizaban, que sólo el arte ha nacido entre sus páginas. Solo falta que te diga: si quieres ser un artista, usa Moleskine. Si no, no estás haciendo nada bien ni interesante. Yo necesitaba escribir, en cualquier medio. No quería una Moleskine. El caso es que cuando me he dado cuenta, ya tenía una en la mano. Maldita tarjeta de crédito.
He decidido que todo lo que escriba en ella, lo copiaré aquí. Aunque sean apuntes de Composición, la letra de una canción, o una frase suelta. Realmente da igual de donde venga, de aquí o del papel, lo que es seguro es que procede de mis dedos. El Moleskine puede ser considerado una continuación del blog, como lo es muchas veces twitter, o facebook.
Allá vamos:
Cada persona es un universo completamente diferente y ajeno a los otros. Pero la unión e interacción entre ellos es increíblemente fácil: solo hace falta un leve toque en el hombro al desconocido más cercano.
me parece genial(:
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