Esta extraña sensación de ser las 24 horas del día el protagonista principal de tu propia vida, y no poder por ello dejar de pensar en el papel que has de cumplir, en las razones de tus actuaciones, en quién escribió tu libreto o qué te tiene preparado el guionista. Esta angustia de verte a ti mismo ante el espejo que es el mundo, pero al que has de mirar con los ojos cerrados, tapados por un lienzo negro que llevas desde que te preguntaste por qué te llamas así. Estar atrapado en un cilindro de cristal y golpear y que no exista nadie más.
Creer ver más allá de tus ojos y no saber siquiera si está la luz encendida.