sábado, 6 de marzo de 2010



Hoy me levanté, y no me reconocí en el espejo.


Me desperté tarde, a las 10 y media. Ya no podría llegar a Matemáticas, tan sólo si pudiese viajar en el tiempo. Me encantaría, todo sería posible si fuésemos capaces de trasladarnos así.

Durante todo el día, he sido una persona cualquiera que te encuentras en la calle. Un perfecto desconocido. Apático me miraba en el espejo, y me encogía de hombros. ¿Y tú, qué quieres?



Hoy iba a quedar con alguien especial, pero no ha podido ser. La mala suerte nos la ha jugado una vez más. Esta vez, atacándole a él.

Mañana también quiero que sea un día guay. Quiero ir nada más levantarme a hacer fotos para un trabajo, espero, deseo, NECESITO que haga buen tiempo.


Y ahora no sé bien qué haré. Me ducharé. Tocaré un poco la guitarra, aunque joda a mis compañeros. La noche ya ha caído y mi cuarto sigue inmerso en la oscuridad.


Necesito un entretenimiento nuevo: NADA de lo que me entretenía antes, o me producía algún pequeño placer, me satisface ahora. Odio la música que ayer tanto escuchaba, detesto el libro que releía anoche, el tuenti ha perdido toda la magia que podría haber tenido, y la granja del facebook huele demasiado mal. ¿Sabéis? Me siento como Bill Murray en el Día de la Marmota. Me encanta ese tipo. Pero la sensación es tan agobiante...



Y yastá.


Ah, y algo sí me gusta: he rescatado a mi olvidada KT Tunstall y he descubierto que le amo tanto como antes.


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