viernes, 26 de febrero de 2010



De pequeño, tanto como ahora, pensaba mucho. Y veía y observaba, igual que el otro día.
Nací y viví rodeado de parejas: mis amigas siempre tenían a sus novios, mi hermana estuvo constantemente acompañada. Veía las películas y me asombraba. Pensaba en lo diferentes que son las personas, en qué grado de particularización llegamos en el que cada uno de los habitantes del planeta tiene un número de identificación personal diferente del resto. Pero aún así, surgía el milagro, el misterio inexplicable, el amor. No alcanzaba a imaginar cómo era posible que las personas encontrasen su “media naranja”, su “alma gemela”, su “segunda mitad” (como defendían) con tanta rapidez, habiendo tantos en el planeta y reduciéndose la probabilidad a números ínfimos. ¿Cómo de entre los siete mil millones de personas que habitamos la Tierra, encontraban al chico perfecto a dos calles de su casa?
¿Por qué siempre el chico o chica nueva en clase descubre el amor entre sus nuevos compañeros?
¿Por qué todos los chicos interesantes de mi pueblo han tenido pareja desde que los conocí?
¿Por qué al final de la película se vuelve a descubrir el amor?
¿No serán las novelas rosas más verídicas de lo que pensaba?
¿Cómo hay tantas parejas en el mundo? ¿No éramos tan particulares, tan diferentes? ¿No buscamos a alguien que nos complemente?
¿Existen una persona para una persona, nos podríamos dividir el mundo en parejas?

(Respecto a esto, siempre dije que hay número impar de humanos, y ¿adivináis quién sobra?)
Todo ello barruntaba de pequeño, con la misma lucidez con la que escribo ahora.

Lo curioso es que sigo pensando lo mismo. ¿Cómo es posible el misterio?

¿Por qué diablos yo tengo casi 19 años, y todavía no he podido dar un beso sin vender una gran parte de mi vida, o de mi moral? ¿Y cómo han sido tan escasos, pudiéndose contar con los dedos de una mano, si mi hermana tiene dos años menos que yo, y ya lleva muchos años con pareja?

Me desisto a pensar que es cosa de la suerte. No, no me gusta la suerte, es cobarde culpar a la suerte. Pienso que hay personas más particulares y menos particulares. Hay personas con las que se puede encontrar el máximo común divisor con mayor facilidad. Y hay otras que son números primos. Supongo que entro en el segundo grupo.

¡Nunca encontraré un trece como yo! Si en tantos años no lo he hecho… ¿quién me asegura que lo haré?

Naiiide.


(Caramba, la biblioteca está llena de chicos guapos. Pero todos tienen un 2 tatuado en la frente.)

jueves, 25 de febrero de 2010




Tú no lo sabes, pero... el camino que lleva tu casa es mi alegría.







Hoy comí con Juan :)


Y recibí un abrazo de alguien especial :D

miércoles, 24 de febrero de 2010



Adoro la lluvia lenta, tranquila. La lluvia que no cae, que se desliza. La lluvia que huele a tierra mojada, que huele a campo, a aire limpio. Que moja los suelos y no hace barro. Me gusta el musgo que crece entre las llagas de los ladrillos. Me recuerda a Alemania. A los árboles mojados, a las paredes húmedas, al vapor de agua. Al respirar y sentir libres tus pulmones. Al verde viento y verdes ramas.

Pero claro, esa lluvia está para disfrutarla, no sólo para verla detrás del cristal, o escucharla a lo lejos. Esa lluvia está para sentarse en el parte de Maria Luisa con un paraguas, o sin él, y leer un poema de Juan Ramón Jiménez, o de Machado, o hablar sobre el crecimiento de las plantas, o cómo era el coche de nuestros padres.

Y no está para quedarse todo el día trabajando, y trabajando duro, para mil asignaturas diferentes, sin saber bien ya qué haces.

Me estoy perdiendo el invierno, y ya pasó sin percatarme de ello el otoño, que es mi estación favorita. Espero aprovechar la primavera.

martes, 23 de febrero de 2010



Creo que voy a cogerle el gustillo a esto del lápiz y los colores... es el primer dibujo que hago en mi vida, y estoy bastante satisfecho.

Hoy no es un día válido. No he ido a clase, porque, sinceramente, NO ME HA DADO LA GANA.

Y he hecho mil cosas esta tarde, pero en realidad no he hecho nada.

He leído, he dado un paseo, he hecho las compras, he estado 20 minutos eligiendo un cuaderno para física, me he comido una tarta de queso, un yogur y una tarrina de helado, he hecho pasta, he barrido mi cuarto.

Y ahora, a trabajar un poco más. Qué dura la vida del arquitecto. Porque... ¿sabéis?. ¡Por el cuadro me han puesto un 4!

domingo, 21 de febrero de 2010



Los sábados, hay señores de mono azul que ven el fútbol en sus casetas, al lado de la obra.

Hay señores de verde con paraguas amarillos que pisan charcos marrones.

Hay funcionarios públicos fosforescentes que toman el último autobús, y jóvenes rizados que corren tras él.

Hay señores gordos, enormes, henchidos en alegría, rellenos de felicidad, obesos de dicha, con el orgullo saciado. Y hay pequeñas criaturas apretadas en sus rechonchas manos.

Hay parejas que se besan al despedirse en mi portal.

Hay gente que hace el amor, hay gente que echa un polvo.

Hay celos, hay envidia, hay cuernos, hay soberbia, hay pelos en el lavabo.

Hay sonrisas y lágrimas en fila india.
Hay caricias.

Hay estrellas eternas de celulosa.
Hay chicos que tocan la guitarra.
Y hay chicas que aprenden un sueño.


Hay orquestas de colores y cuadros en pentagrama.


Hay gente que es belleza.
Hay poetas que crean.
Hay sabios soberbios necios.
Hay callejeros que saben más que tú.
Hay un George Dyer que muere amado en su baño.


Hay niñas pijas cargadas de bolsas que hablan por su iPhone con su último novio, y protestan por no quererles más.

Hay jóvenes que leen el periódico universitario, y hay ancianos que se tapan con ellos.

Hay gente que estudia, gente que disfruta, gente que trabaja, gente que aprende.

Hay gente que se alegra, gente que late, gente que salta, gente que se mueve. Gente que viaja y gente que aguanta.

Hay gente que camina, gente que avanza. Hay gente que da palmadas. Hay gente que tiene risas estúpidas, contagiosas, y que suspira y que se alivia.

Hay gente que vive.


Y yo los veo. Y los interpreto. Y los leo. Y los comprendo. Y no lo entiendo.

Y vuelvo a mi habitación luminosa, y la bombilla explota, y me sumo en la penumbra.
Y me miro al espejo, y no me gustan mis ojos. Y no me gusta lo que carga mi espalda.

Y leo mi vida, y prefiero pasar página. Y quiero borrar, quiero destruir, quiero borrar, quiero borrar, necesito borrar. Y vuelvo a necesitar. Y vuelvo a no hallar.

Y yo me acuerdo de todos ellos. Y pienso dónde estarán. Y qué despreocupados viven. Y qué simple es todo en realidad. Y qué egoísta soy, y qué desconsiderado. Y qué bien tiento al victimismo. Y qué ignorante soy.

Y entonces me desquebrajo. Y no comprendo ya nada. Y me pregunto, y me vuelvo a cuestionar mi nombre. Y dudo una vez más si la cajera no me entregó el DNI que me correspondía. Y veo que sigue diciéndome todo lo mismo.

Y me rompo. Y me hundo.

Porque veo que hay gente que...

Y luego estoy yo, que no…

sábado, 20 de febrero de 2010



-Los marcianos descubrieron el secreto de la vida entre los animales. El animal no discute su vida, vive. No tiene otra razón de vivir que la vida. Ama la vida y disfruta de la vida. Observe la estatuaria; cómo los símbolos animales se repiten una y otra vez.
-Parece algo pagano.
-Al contrario, son símbolos divinos, símbolos de vida. También en Marte el hombre había llegado a ser demasiado humano, y no bastante animal. Los hombres de Marte comprendieron que si querían sobrevivir tenían que dejar de preguntarse de una vez por todas: «¿Para qué vivir?» La respuesta era la vida misma. La vida era la propagación de más vida, y vivir la mejor vida posible. Los marcianos comprendieron que se preguntaban «¿Para qué vivir?» en la culminación de algún período de guerra y desesperanza, cuando no había respuestas. Pero cuando la civilización se tranquiliza y calla, y la guerra termina, la pregunta se convierte en insensata de un modo nuevo. La vida es buena entonces, y las discusiones son inútiles.
-Me parece que los marcianos eran bastante ingenuos.
-Sólo cuando les convenía. Renunciaron a empeñarse en destruirlo todo, humillarlo todo. Combinaron religión, arte y ciencia, pues en verdad la ciencia no es más que la investigación de un milagro inexplicable, y el arte, la interpretación de ese milagro. No permitieron que la ciencia aplastara la belleza. Se trata simplemente de una cuestión de grados. Un hombre de la Tierra piensa: «En ese cuadro no hay realmente color. Un físico puede probar que el color es sólo una forma de la materia, un reflejo de la luz, no la realidad misma». Un marciano, mucho más inteligente, diría: «Este cuadro es hermoso. Nació de la mano y la mente de un hombre inspirado. El tema y los colores vienen de la vida. Es una cosa buena.

Hubo una pausa. Sentado al sol de las primeras horas de la tarde, el capitán miraba con curiosidad el pueblo fresco y silencioso.

- Me gustaría vivir aquí.-dijo.

- Puede hacerlo, si quiere.





Crónicas marcianas, de Ray Bradbury.


Sin duda, uno de los mejores libros que he leído en mi vida. Altamente recomendable.

viernes, 19 de febrero de 2010



Siento que mi alma se encuentra perdida
que se junta la noche y el día

Siento que si te veo
terremotos recorren todo mi cuerpo

Haces que se vaya mi melancolía
me devuelves de nuevo a la vida

Antes de llegar siquiera a conocerte
mucho antes ya te quería
como algo inalcanzable
así así así así te quería

Haces que se vaya mi melancolía
me devuelves de nuevo a la vida
tu haces que se vaya mi melancolía
me devuelves de nuevo a la vida

Quiero un mundo nuevo
mi corazón no lo compra el dinero
quiero palmas que acompañen a mi alma

Haces que se vaya mi melancolía
me devuelves de nuevo a la vida
tu haces que se vaya mi melancolía
me devuelves de nuevo a la vida
me devuelves de nuevo a la vida.




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Hoy, tarde con Marina a hacer fotos, luego, a ver a Jorgiño y a comprar una guitarra. No estoy en mi mejor momento, pero se intentará. La melancolía sigue dejándome un amargo recuerdo en la boca. Espero que desaparezca, es desagradable como la hiel.

Tengo la suerte de poder decir que hay alguna que otra persona que consigue que se vaya mi melancolía, que me devuelva de nuevo a la vida. Pero tengo la mala suerte de no poder tenerlas todo lo que yo quisiera. Pero sé que están ahí. Que, como dice Amaral en otra canción genial,

Abre las puertas de la percepción
Usa el poder de tu imaginación
Aunque no puedas mirar hacia el sol
Sabes que sigue brillando por tí.

Y va para vosotros, la mejor pareja del mundo. Os deseo lo mejor, aunque ya tenéis la mayoría.

Algún día dejaréis de desear mi bien, porque lo tendré. Algún día.