viernes, 10 de abril de 2015

Tu presencia detrás en el portal,
el ruido nervioso de las llaves
tratando de penetrar la puerta.
La chaqueta al suelo y tu mentón al cielo.
El palpeo ciego de unos labios
que buscan descifrarte.
Tu dióxido en los pulmones.
La uña y la carne.



Pero ese no soy yo.
Y sigo cometiendo errores.

Ya van haciendo efecto, ¿de qué me sorprendo?

Me lo he buscado por tonto y por iluso.

Por imbécil y por incauto.

Yo que quería hacer las cosas bien, que me veía preparado,
yo que era el fuerte, el que estaba al mando.

Y más mierda en mi plato
por no saber gestionarme,
por no ser capaz de seguir aparentando.

La he cagado como nadie y estoy empezando a pagarlo.

Normal que te canses, yo haría lo mismo.
¿Empezaremos ya a hacernos daño?




Cómo voy a estar bien
si siento mi cuerpo en sus fronteras
si soy el espacio que queda
entre mi ropa y mi piel.

Si soy una cáscara débil,
los vahídos que me alojaban
se han ido de hartos del llanto
y ahora ni siquiera me ocupa
el fantasma de ti.

Soy más yo que otras veces
porque me he encontrado en el fondo.
Qué peligroso es reconocerse
como lo que se teme ser.

Aceptar al enemigo
que viste mi sombra,
suena en mis pasos
y habla en mi boca.


miércoles, 8 de abril de 2015

Promesa ilusa.

Bah.
Ains.
Pf.
Jo.

Nos debemos un beso por cada lamento.

Los errores cometidos.

Estar otra vez a las 3:14
viendo tus fotos de facebook.

Fumar en pipa porque me recuerda a mi padre.

Escribirte palabras bonitas y simular arrepentirme.

Intentar llamar la atención profundizando,
dilatándome para dar más de mí.

Acordarme de los fracasos y culparme de los muertos.
Acordarme de los triunfos y sentirme un desgraciado,
como si no valorase un buen premio.

Considerar que la felicidad es un trofeo
inmerecido por regalado.

Continuar desordenando sin hacer un esfuerzo
por limpiar el cuarto y rehacer la cama.

No escribir, no cantar, no dibujar
tanto como podría.

Parar de aprender por pura pereza.

Los juegos de palabras,
las rimas involuntarias
con tan mal resultado.

Mancharte de negro con mis lágrimas.

Esperar que me hagas feliz.
Responsabilizarte de mi bienestar,
como si estuviera en tu mano.

Decirte lo que quieres oír.
Exigirte lo que quiero escuchar.

Ser conscientes de los errores cometidos
y continuar errando por el placer de hacer lo equivocado.

martes, 7 de abril de 2015

La creatividad del enamorado se nutre del cuerpo.

Intentemos explicar ese mal común de corazón que late, ese soplo en el alma, ese toque seco
inspirado
por una sonrisa,
por tu mirada.

Tu mirada, que no ve
mi perfil cabizbajo,
y me arrolla, yo me dejo,
como un Bulldozer,
taladrándome el cráneo,
inyectándome cemento,
implantándome en los pies
ocho kilos de C-4.

Me revienta, resquebraja,
abriendo mis resquicios
con sólo un golpe en el hielo
de los ríos de mi espalda,
penetrando de improvisto
llegando con el silencio
hasta invadirme el alma:
comienza mi delirio.

Esa masa de tus ojos
que me pesa en el pecho
y me empuja hacia abajo,
me sobrecarga los hombros
que acarreaban mi ego.
Ya no puedo soportarlo,
y me deshago de todo
lo que yo me aprecio.

Y ahora que has entrado
hace un frío de cojones,
ocupas todo y falta el aire,
bastante me estás robando,
lo noto en mis pulmones,
y he llegado a marearme:
Que la creatividad del enamorado
solo del cuerpo se nutre.

lunes, 6 de abril de 2015

Sigo teniendo granos.

Y eso que pensaba que siempre odiaría
esos veranos de camping,
de preparativos nerviosos,
de grandes expectativas,
de pretensiones fantásticas
que nos harían tan felices.

Por la noche uno nunca duerme mucho,
se está ansioso de partir
queriendo adelantar el tiempo
pero también se teme.
¿Será todo tal y como lo soñamos?
¿Nos concederemos lo prometido?

En qué gran compromiso ponemos al destino.

Y llega el viaje,
con los ojos cansados,
mal sabor de boca,
el cuello dolorido,
el pecho sudado,
las sonrisas nerviosas
y cafés en el camino.

Aunque no lo parezca se mueven las nubes
y se para el coche al fin
(piernas rotas, andar patoso)
los trámites y la parafernalia
y ya sí, estamos allí.

Me acuerdo bien de llegar bajando
con los dedos tímidos de los pies
hasta la parcela, instalarnos
y ponernos el bañador, 
por primera vez,
en lo que va de año.

Rodeados de caravanas y tiendas
Quechua allí y Quechua allá
y esas cocinitas graciosas
con sus neveras rojas
y las toallas oleantes
que nos advierten del mar.

La gente viene aquí para ser feliz
o eso quiero creer siempre:
que tendré un encentro amoroso,
que descubriré otras habilidades,
con otro nombre y otra voz.
Qué difícil es estar entre iguales
y vivir cansado de ser yo.

Hay momentos que guardo con cuidado, 
como leer después de comer
o tumbarme en la tienda
escuchando a Cat Stevens 
coreado por los árboles,
y el tacto de la tela, esa tela,
la tela del sillón.
esa tela,
esa tela,
qué no daría yo por esa tela,
qué cosas no me trae a la mente,
qué de veces la he mojado
y manchado de leche y migas 
tras volver de la piscina,
con diez, once, doce, trece
catorce y dieciséis años.

Pero otros me asustan como si siguiera allí,
pequeñas grandes cosas por las que entrar en pánico
como los cuerpos moldeados,
los juegos familiares,
las altas alemanas,
y la actitud del personal.

Los grupos de amigos hacen ruido
y por la noche suben al bar,
están los chulos, los guapos,
y las chicas lindas, 
de esas que me congelan el cerebro
con sus ojos parcos.

Imposible no esconderme en ombligo
y olvidar que sabía hablar,
escaparme a la playa solo
sentarme en la arena
e intentar respirar.

Cuántas noches he dejado de ser humano
tras esas tardes de pánico,
para llegar, inexorablemente
a las mañanas del reencuentro incómodo.
Doy gracias por que exista el agua.


Hoy me he acordado de cosas que tenía olvidadas,
de estados del ánimo que creía haber superado.

Qué equivocado estaba.

Sigo teniendo granos.