martes, 17 de agosto de 2010






Is there anybody going to listen my story.





Esta situación  me está creando una ansiedad terrible. Y no paro de comer.


Y sigo preguntándome a cada instante: ¿por qué tenemos que estar pasando por eso?




Si yo sólo quiero que tú seas lo primero que vea al abrir los ojos cada día.

sábado, 14 de agosto de 2010



Ya no hay palabras.


No sé ya expresar. El castellano se me antoja pobre en matices. Las palabras ya no contienen ideas. Las ideas no se pueden comunicar.

El sentimiento se escapa, la razón se desvanece. Las sensaciones flotan en la más infinita oscuridad.


Mi corazón arde en tu recuerdo y se fulmina con tu mirada. Esos ojos, ese pelo, esos dedos me matan por dentro.


Me das la vida y la muerte.



He caído ya, irremediablemente, ante tu influjo. Jamás podré evadir tu magnetismo. Tu antigua pasión y latir me mueve todavía. Aficionado a anhelarte, me consumo en mis deseos. Me ahogo entre las palabras que pronuncian mis labios mudos. Deambulo a la deriva entre los momentos que imagino a tu lado. Sueño con que llegue el día en el que pueda decirte:  "Ya. Ahora sí puedo morirme. Porque sé que nunca más en mi vida llegaré a ser tan feliz como lo soy en este momento, a tu lado, en este lugar."



Pero tú eres implacable, destructora. Arrasas con todo por un simple chasquido de tus dedos. Me roza la pintura de tus uñas y entonces exploto en mil pedazos. Como la cerámica, esta vez me dispersas con tu pie. Me rebajas a lo ínfimo, me pierdo en el mar de átomos amenazantes. En los torbellinos de la locura. En el aceite de los charcos, en el gris de los nubarrones que llueven azufre. Me ahogo en mil lágrimas si no me miras a los ojos. Mi pecho se retuerce en espasmos de dolor cuando sé que no escuchas lo que te digo. Algo dentro de mí AGONIZA cada vez que siento un puñal con tu nombre. Cada vez que te amo yo también deseo que me aniquiles.



Sé que no quieres, y sé que no sabes.

Sé que no debo, y sé también que no merezco.


Pero, sobre todas las cosas, algo sé.


Sé que siento.

viernes, 13 de agosto de 2010






Ya está, lo he hecho. Con la rapidez del destello fugaz de un cometa desintegrándose, dí sobre el botón de "enviar mensaje" sin pensármelo dos veces.


Mañana leerás las primeras palabras de tu vida inspiradas y escritas sólo y exclusivamente para ti.

Y yo mientras tanto me muero de miedo.

lunes, 9 de agosto de 2010

Siempre sentiré haberte perdido. Me culparé y me arrepentiré.

Aunque no pienso dejar de luchar por ti. 







El fin de la resistencia.




Hoy nos hemos reunido después de tanto tiempo
y hemos acordado romper nuestro silencio,
y poner fin a esta furia reprimida,
y poder arrancarnos del brazo las tiritas.

Hoy al llegar a casa,
al cabo de unos meses de estar obsesionado
en saber que es lo que tú sientes,
he caído en la cuenta de que tú también sufrías
por no haberte amado como tú lo demandabas.





miércoles, 4 de agosto de 2010



Te odio.

Me he aprendido una canción más sólo porque es la que te gusta, ¿sabes?


Pero no, no lo sabes. Y te comportas como una estúpida. Y me arrastras a la miseria con dos palabras mal dichas.


Eres ruin. Ya no eres como antes.


Te odio. Y eso es solo un síntoma más de que te amo. Porque sólo las personas a las que se quiere pueden hacerte daño.

martes, 3 de agosto de 2010

Me pierdes tú.






Me acaricias el corazón. Y de repente, me doy cuenta de que no. No es bueno. Vas a apretar tus manos hasta hacerlo pedazos. Estoy en peligro a tu lado. Temo por mi vida.


Te rechazo. Te empujo, te lanzo contra la pared, te tiro por la ventana, estallas como el cristal, corro ansioso y pisoteo tus restos, los esparzo con la punta del pie. Pero no hay sangre, ni huesos, ni pelos, porque tú no eres como los demás.


Subo a mi piso, asfixiado, jadeando. No me odio, porque sé que hice lo correcto. Era lo que necesitaba. Pero me odio, por haberte amado otra vez más. Me odio por ser débil. Te odio por ser hija de la perfección.


Y ahora una gota de agua de Amparo, la vecina del primero que riega constantemente las plantas, me cae sobre el hombro. Al entrar en el portal, un reflejo de sol me deslumbra. Hay una acumulación casual y sorprendente en el gotelé del pasillo, antes del ascensor: es como una nube, también como un conejo. Y mi gato maúlla cerca de la cocina exactamente en La menor. Se me desata un cordón al ver que mi madre ha comprado plátanos, y de repente, caigo de bruces.


Te descubro. Tú estás en cada uno de esos momentos. Has vuelto a aparecer. Jamás desapareces. Eres eternidad. Siempre sigues ahí. Inmóvil, sonriente, con tus cascos verdes. Me pierde esa imagen. Me pierdes tú.



Y vuelvo a caer ante tus pies. Vuelvo a adorarte, a besarte, a sentirte, a saborearte, a acariciarte, a cogerte en brazos, a abrazarte hasta sentir en mi cuello que te corto la respiración. A desear que nuestros cuerpos se atraviesen e iluminen el mundo. Te dejo sobre el suelo, llevo tus manos a mi pecho y te digo: ¿lo sientes?.


Late.


Late, ¿no lo sientes?



¡Late!




Late por ti.

martes, 27 de julio de 2010





Sigue habiendo atardeceres preciosos desde el balcón de mi piso.


Todavía me acuerdo de ti cada vez que cae el sol. Nos prometimos que veríamos amanecer en la giralda juntos, ¿recuerdas?. Te tengo todavía demasiado presente. Tu tú del pasado sigue a mi lado. Me sonríe tan bella, sin maquillaje. Huele muy bien su pelo. Me hace sentir feliz. Hace que estalle en lucecitas de colores. Que me pierda en el infinito de su mirada, que me ahogue de sed en sus labios, que me esfume en una caricia casual. Me convierte en todo y nada. 


Pero ahora eres sólo una estatua de yeso. Fría, impávida, vacía, quieta. Muerta.

Y mañana es posible que te vuelva a ver. Espero que hayas recuperado tu color original. Sabes que sin ti me muero. Y ahora, cuando te sientas a mi lado, no eres tú.

Eres simplemente ya un cuerpo y un nombre. Pero no la magia. No la sorpresa. Ya no hay sonrisa ni detonación. ¿Dónde quedó esa asfixia del corazón que producía tu voz? Ahora eres dolor, eres tierra seca y agrietada, eres un cactus espinoso, eres un golpe en el codo, eres hiel, eres un ruido monótono de obreros fustigados, eres piel rasgada y sangrante. Eres nada.


Y aún así, sigo aquí, escribiéndote en la oscuridad. Porque soy siervo de tus pasos.









Quemas- Deluxe

Con todo lo que tú eras,

con todas tus cositas buenas,
¿por qué haces tanto daño
y quemas, quemas, quemas?

Y tu voz que era el silencio,
la calma más suave del río,
¿por qué se vuelve lamento
y frío, frío, frío?

¿Qué son todas esas sombras
que han oscurecido el día,
que hacen hoy sangrar tu herida
y van a hacer sangrar la mía?

Y tu voz que era el silencio,
la calma más suave del río,
¿por qué se vuelve tormenta
y frío, frío, frío?