martes, 27 de julio de 2010





Sigue habiendo atardeceres preciosos desde el balcón de mi piso.


Todavía me acuerdo de ti cada vez que cae el sol. Nos prometimos que veríamos amanecer en la giralda juntos, ¿recuerdas?. Te tengo todavía demasiado presente. Tu tú del pasado sigue a mi lado. Me sonríe tan bella, sin maquillaje. Huele muy bien su pelo. Me hace sentir feliz. Hace que estalle en lucecitas de colores. Que me pierda en el infinito de su mirada, que me ahogue de sed en sus labios, que me esfume en una caricia casual. Me convierte en todo y nada. 


Pero ahora eres sólo una estatua de yeso. Fría, impávida, vacía, quieta. Muerta.

Y mañana es posible que te vuelva a ver. Espero que hayas recuperado tu color original. Sabes que sin ti me muero. Y ahora, cuando te sientas a mi lado, no eres tú.

Eres simplemente ya un cuerpo y un nombre. Pero no la magia. No la sorpresa. Ya no hay sonrisa ni detonación. ¿Dónde quedó esa asfixia del corazón que producía tu voz? Ahora eres dolor, eres tierra seca y agrietada, eres un cactus espinoso, eres un golpe en el codo, eres hiel, eres un ruido monótono de obreros fustigados, eres piel rasgada y sangrante. Eres nada.


Y aún así, sigo aquí, escribiéndote en la oscuridad. Porque soy siervo de tus pasos.









Quemas- Deluxe

Con todo lo que tú eras,

con todas tus cositas buenas,
¿por qué haces tanto daño
y quemas, quemas, quemas?

Y tu voz que era el silencio,
la calma más suave del río,
¿por qué se vuelve lamento
y frío, frío, frío?

¿Qué son todas esas sombras
que han oscurecido el día,
que hacen hoy sangrar tu herida
y van a hacer sangrar la mía?

Y tu voz que era el silencio,
la calma más suave del río,
¿por qué se vuelve tormenta
y frío, frío, frío?


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