lunes, 9 de agosto de 2010

Siempre sentiré haberte perdido. Me culparé y me arrepentiré.

Aunque no pienso dejar de luchar por ti. 







El fin de la resistencia.




Hoy nos hemos reunido después de tanto tiempo
y hemos acordado romper nuestro silencio,
y poner fin a esta furia reprimida,
y poder arrancarnos del brazo las tiritas.

Hoy al llegar a casa,
al cabo de unos meses de estar obsesionado
en saber que es lo que tú sientes,
he caído en la cuenta de que tú también sufrías
por no haberte amado como tú lo demandabas.





miércoles, 4 de agosto de 2010



Te odio.

Me he aprendido una canción más sólo porque es la que te gusta, ¿sabes?


Pero no, no lo sabes. Y te comportas como una estúpida. Y me arrastras a la miseria con dos palabras mal dichas.


Eres ruin. Ya no eres como antes.


Te odio. Y eso es solo un síntoma más de que te amo. Porque sólo las personas a las que se quiere pueden hacerte daño.

martes, 3 de agosto de 2010

Me pierdes tú.






Me acaricias el corazón. Y de repente, me doy cuenta de que no. No es bueno. Vas a apretar tus manos hasta hacerlo pedazos. Estoy en peligro a tu lado. Temo por mi vida.


Te rechazo. Te empujo, te lanzo contra la pared, te tiro por la ventana, estallas como el cristal, corro ansioso y pisoteo tus restos, los esparzo con la punta del pie. Pero no hay sangre, ni huesos, ni pelos, porque tú no eres como los demás.


Subo a mi piso, asfixiado, jadeando. No me odio, porque sé que hice lo correcto. Era lo que necesitaba. Pero me odio, por haberte amado otra vez más. Me odio por ser débil. Te odio por ser hija de la perfección.


Y ahora una gota de agua de Amparo, la vecina del primero que riega constantemente las plantas, me cae sobre el hombro. Al entrar en el portal, un reflejo de sol me deslumbra. Hay una acumulación casual y sorprendente en el gotelé del pasillo, antes del ascensor: es como una nube, también como un conejo. Y mi gato maúlla cerca de la cocina exactamente en La menor. Se me desata un cordón al ver que mi madre ha comprado plátanos, y de repente, caigo de bruces.


Te descubro. Tú estás en cada uno de esos momentos. Has vuelto a aparecer. Jamás desapareces. Eres eternidad. Siempre sigues ahí. Inmóvil, sonriente, con tus cascos verdes. Me pierde esa imagen. Me pierdes tú.



Y vuelvo a caer ante tus pies. Vuelvo a adorarte, a besarte, a sentirte, a saborearte, a acariciarte, a cogerte en brazos, a abrazarte hasta sentir en mi cuello que te corto la respiración. A desear que nuestros cuerpos se atraviesen e iluminen el mundo. Te dejo sobre el suelo, llevo tus manos a mi pecho y te digo: ¿lo sientes?.


Late.


Late, ¿no lo sientes?



¡Late!




Late por ti.

martes, 27 de julio de 2010





Sigue habiendo atardeceres preciosos desde el balcón de mi piso.


Todavía me acuerdo de ti cada vez que cae el sol. Nos prometimos que veríamos amanecer en la giralda juntos, ¿recuerdas?. Te tengo todavía demasiado presente. Tu tú del pasado sigue a mi lado. Me sonríe tan bella, sin maquillaje. Huele muy bien su pelo. Me hace sentir feliz. Hace que estalle en lucecitas de colores. Que me pierda en el infinito de su mirada, que me ahogue de sed en sus labios, que me esfume en una caricia casual. Me convierte en todo y nada. 


Pero ahora eres sólo una estatua de yeso. Fría, impávida, vacía, quieta. Muerta.

Y mañana es posible que te vuelva a ver. Espero que hayas recuperado tu color original. Sabes que sin ti me muero. Y ahora, cuando te sientas a mi lado, no eres tú.

Eres simplemente ya un cuerpo y un nombre. Pero no la magia. No la sorpresa. Ya no hay sonrisa ni detonación. ¿Dónde quedó esa asfixia del corazón que producía tu voz? Ahora eres dolor, eres tierra seca y agrietada, eres un cactus espinoso, eres un golpe en el codo, eres hiel, eres un ruido monótono de obreros fustigados, eres piel rasgada y sangrante. Eres nada.


Y aún así, sigo aquí, escribiéndote en la oscuridad. Porque soy siervo de tus pasos.









Quemas- Deluxe

Con todo lo que tú eras,

con todas tus cositas buenas,
¿por qué haces tanto daño
y quemas, quemas, quemas?

Y tu voz que era el silencio,
la calma más suave del río,
¿por qué se vuelve lamento
y frío, frío, frío?

¿Qué son todas esas sombras
que han oscurecido el día,
que hacen hoy sangrar tu herida
y van a hacer sangrar la mía?

Y tu voz que era el silencio,
la calma más suave del río,
¿por qué se vuelve tormenta
y frío, frío, frío?


sábado, 24 de julio de 2010





Me voy al campo de mi abuelo, al fin. Esta es la vista desde la entrada. Lo del fondo es un convento del siglo XVIII, ahora propiedad de mi abuelo y de mi madre.


Allí haré fotos. Y te pensaré.



Echo de menos tu olor. Al principio no me gustaba, ¿sabes? Me resultaba incómodo.

Y ahora no puedo vivir sin él. No puedo.

viernes, 23 de julio de 2010



Muchas veces me han besado.



Pero nunca, jamás, he besado yo.

miércoles, 21 de julio de 2010





Cronología de los hechos:
- Te conozco. 


- Me fascinas.
- Te adoro.
- Eres preciosa.
- Me confundo.
- Me engaño a mí mismo.
- Te adoro.
- Haces que me sienta especial. 
- Despareces. 
- Te comienzo a necesitar. 
- Me confundo cada vez más.
- Busco pruebas. 
- Me engaño. 
- Pierdo a terceros.
- Recapacito. 
- Llego a la conclusión.
- Acepto que te quiero.
- Te quiero.
- Te necesito cada vez más.
- Vuelves a desaparecer.
- Me haces daño. 
- Sufro tus ausencias.
- Te ansío.
- Lloro a tu lado y ni te das cuenta.
- Haces que me odie. 
- Te odio.
- Te sueño.
- Hago daño a terceros. 
- Descubro que te deseo.
- Te añoro.
- Te odio una vez más.
- Te vuelvo a necesitar, sorprendentemente.
- Te quiero.
- Vuelvo a soñarte.
- Te pienso.
- Te pienso.
- Te pienso.

- Un último sueño.
- Y entonces, comprendo.
- TE SIENTO.


- Te quiero.




Y desde ese momento, me muero.