Un ruido de cristales sacudió mi alma.
Se rompió el vaso.
Y mi taza con él.
Juntas se lanzaron al vacío, en un abrazo de amor.
Pero yo le quería a ella, sólo a ella.
Ya nada tiene sentido para mí.
Su sangre blanca y pura como la leche se esparce por el suelo.
Qué efímero es todo.
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