lunes, 12 de septiembre de 2011

Esta extraña sensación de ser las 24 horas del día el protagonista principal de tu propia vida, y no poder por ello dejar de pensar en el papel que has de cumplir, en las razones de tus actuaciones, en quién escribió tu libreto o qué te tiene preparado el guionista. Esta angustia de verte a ti mismo ante el espejo que es el mundo, pero al que has de mirar con los ojos cerrados, tapados por un lienzo negro que llevas desde que te preguntaste por qué te llamas así. Estar atrapado en un cilindro de cristal y golpear y que no exista nadie más.

 Creer ver más allá de tus ojos y no saber siquiera si está la luz encendida.

jueves, 7 de julio de 2011

Esto no es más que otro adiós.

Nuevo piso, misma vida.

Carta a todas mis catástrofes

¿Cómo escribirte una carta?

He empezado y aún no lo sé. Sólo tengo la intención: ser sincero contigo. No sé si es el medio o las palabras correctas, pero espero que tengas en cuenta el propósito, que sepas lo que quiero decir.

Eres la persona más maravillosa que he conocido en mi vida. Creo que nunca pude hacértelo creer, eres especial. Me mueve hacia ti algo que todavía no he podido explicar, algo irrefrenable, que me ciega, demasiado fuerte. Aún la confusión me hace temer. No sé cómo ni de qué manera llegué a hacerlo, pero algo tengo claro después de un año de conocerte. Te quiero. Y esa es la única verdad.

Tal vez ya lo supieras, lo sospecharas o te lo dijeran. O tal vez no, y te consigo sorprender. Pero quizás esto te ayude a comprender muchas cosas. Te mereces una explicación. Sé que me he comportado de una manera bastante rara, por decirlo de alguna manera, desde hace unos meses, pero también sé que no soy así. Sólo estaba asustado.

Esta carta, la primera que escribo en mi vida, no tiene una finalidad clara, solo poder liberarme de esta carga. He estado guardándome demasiado, y no es justo para ninguno de los dos. Quiero acabar con esta situación, de la que tal vez tú no seas consciente, pero que me afecta demasiado, y me impide vivir con normalidad. Me produce mucha ansiedad y solo así puedo hacer que acabe. Siento cosas totalmente nuevas, muy intensas, y te lo podría demostrar de mil maneras, sólo tienes que preguntar. Pero el silencio que he mantenido por miedo tanto tiempo me hacía sentir tan estúpido que, si alguna vez lloré, fue por desesperación. Y si me viste dolido, fue por amor.

Trato de ser breve, y me cuesta. Tengo miedo, mucho, ni te puedes imaginar cuánto. Pero me he atrevido al fin y no sé todavía si me arrepentiré. He lanzado mi última carta, he hecho todo lo que un chico como yo puede hacer. Ya sólo queda saber cómo actuar, a partir de ahora. Necesito, por una vez, entender qué quieres y qué piensas.

Y ahora sí, créeme cuando te digo que estás preciosa. Eres increíble en todos los aspectos. Me encanta verte feliz, sélo siempre, por favor. Me hacías sentir especial cuando estabas a mi lado, en el principio de todo. Lamento que todo haya acabado así, escrito malamente en una carta, llena de inseguridad.

Me gustaste desde el primer dia en el que te vi, en aquel tren. Ojalá no llegase aún a su fin.

martes, 7 de junio de 2011

¿Tú otra vez?
¿No habíamos quedado en que te había matado?


¿O es que quizás el que intentaba morirse era yo?

sábado, 30 de abril de 2011

No, no, no puede ser. ¿Cómo voy a cumplir 20 años?
¡No puedo!

Me hago adulto y todavía necesito ayuda para atarme las zapatillas y poder echar a correr con los demás.

sábado, 23 de abril de 2011

Hacía tiempo que no volvía aquel chico de 14, 15, 16, 17, 18 años a mirarme desde su prisión congelada, con esa mirada estática, asustada. Esos ojos rotos, rodeados de marcas oscuras.

Ha vuelto ese sentimiento tan inefable. ¿Cómo expresarlo? Es andar y no sentir el suelo, pero no porque flotes: sino porque no eres capaz de despegarte de él. Tan alto subiste, tan rápido, que la caída te ha dejado aplastado contra la tierra. Está húmeda, y huele bien, pero tienes la nariz destrozada y te duele respirar, la sangre te obstruye las fosas. Es eso.

También es no sentirte dueño de ti, y a la vez, verte el único responsable de todos los acontecimientos que se dan lugar en el mundo simultáneamente. Es una carga pesada. Como recitar los millones de ceros y unos que constituyen estas letras. Da miedo. Es todo, y es nada.

Además, ahora mismo, en mi cuarto, donde he dormido más que vivido, siento que no soy de ningún lugar. Que todo me es ajeno, extraño. Que nada poseo. Que nada me espera. Que el viento me atraviesa y no me hace tiritar, ni siquiera sacudirme. Que las puertas se cierran aunque me vean pasar.

Siento que NO SOY,
porque sentí que YO ERA,
y me demostraste que NO.


Una vez más, la misma historia. Tiene gracia, ¿eh?



No, no la tiene. Ni te echo de menos, estúpido gilipollas de gafas cuadradas y asqueroso acné. Mírate, mira en lo que te has convertido. Tu aspecto es impecable ahora, sí.

Pero en el fondo, sigues siendo UN MONSTRUO.

martes, 5 de abril de 2011

En la libreta de piel  negra escribo las palabras que nunca me atreví a decirte:

Solo existe el cielo en el reflejo de tus ojos.

No quiere la luna mecerme en su cuna de blanco mármol: creo que no le gustan mis cicatrices de humano.

Amé tus carencias.

 Tu nombre ya me avisaba: eras inabarcable y eterna.

La piel es la primera de las vergüenzas.

El 37 cambia de pasajeros:  la dicha y la ilusión ya no viajan en él, ahora es el momento de los sueños desgarrados y los ojos rotos. Fin de trayecto.

Quien más ha llorado por ti no he sido yo, ha sido mi guitarra. 

Este sol que te ilumina me oscurece a mi también.

The stars look very different tonight.

Solo tengo un nombre: es que gritan tus ojos.

Amor... ¿eres siempre tan impuntual?