martes, 5 de abril de 2011

En la libreta de piel  negra escribo las palabras que nunca me atreví a decirte:

Solo existe el cielo en el reflejo de tus ojos.

No quiere la luna mecerme en su cuna de blanco mármol: creo que no le gustan mis cicatrices de humano.

Amé tus carencias.

 Tu nombre ya me avisaba: eras inabarcable y eterna.

La piel es la primera de las vergüenzas.

El 37 cambia de pasajeros:  la dicha y la ilusión ya no viajan en él, ahora es el momento de los sueños desgarrados y los ojos rotos. Fin de trayecto.

Quien más ha llorado por ti no he sido yo, ha sido mi guitarra. 

Este sol que te ilumina me oscurece a mi también.

The stars look very different tonight.

Solo tengo un nombre: es que gritan tus ojos.

Amor... ¿eres siempre tan impuntual? 

miércoles, 23 de febrero de 2011

Cierra los ojos, tápate la boca y aguanta, desaparece. Nunca es agradable vomitar en público.

Luego, cuando estás solo, ya sabes lo que hacer.

martes, 25 de enero de 2011

NOTA PARA MÍ MISMO:

La vida es esto. Vivir hundido hasta que ves que no es todo así. Una chispa, algo pasa, y casi tocas el sol en tu plenitud. Y volverás a bajar y a hundirte y a querer matarte.

Pero, chico, NO lo olvides. Todo puede cambiar en cualquier instante. Todo.

La chispa SIEMPRE llega.

viernes, 21 de enero de 2011

A veces, la oscuridad me ciega, y pienso en ella, y me pregunto cómo puede ser que ella siga viva. Que esté pintándose las uñas de color, eligiendo cada día unas converse diferentes, escuchando a los pájaros cantar, o disfrutando de las gafas de sol que eran de su padre. No me entra en la cabeza cómo puede ser que ella esté escuchando, quizás, la misma canción que escucho ahora. No entiendo cómo puede continuar como si nada, haciendo las cosas que sólo ella hacía antes, mientras yo, todavía, algunas noches me ahogo en mi desesperación y me mordisqueo las entrañas.


¿Cómo puede vivir tranquila sabiendo todo el daño que me ha hecho?


La respuesta es sencilla.

viernes, 7 de enero de 2011

A veces, al recordar, me sorprendo, y me avergüenzo.

Cuando estoy enamorado, o me gusta alguien, la ilusión me llega en torrentes imprevistos. El cielo se abre, me eleva, y me permite pasear entre tangibles sueños. Y entonces me veo grande, me creo capaz, seguro y confiado de que valgo lo suficiente como para que merezca la pena perseguir el fin. Siento orgullo de ser quien soy, me gusto y me acepto. Creo, tengo fe.

Eso sí que es ser patético, ¿eh?

¡Ja, iluso!

miércoles, 29 de diciembre de 2010




Papá, yo de mayor no quiero ser como tú.

martes, 21 de diciembre de 2010

No he querido que te des cuenta.

Pero creo deberías tener miedo.


Yo lo tengo.