A veces, la oscuridad me ciega, y pienso en ella, y me pregunto cómo puede ser que ella siga viva. Que esté pintándose las uñas de color, eligiendo cada día unas converse diferentes, escuchando a los pájaros cantar, o disfrutando de las gafas de sol que eran de su padre. No me entra en la cabeza cómo puede ser que ella esté escuchando, quizás, la misma canción que escucho ahora. No entiendo cómo puede continuar como si nada, haciendo las cosas que sólo ella hacía antes, mientras yo, todavía, algunas noches me ahogo en mi desesperación y me mordisqueo las entrañas.
¿Cómo puede vivir tranquila sabiendo todo el daño que me ha hecho?
La respuesta es sencilla.